No os fastidia enormemente que la gente te vea como un bicho raro cuando dices: "...a mí la navidad ni fu ni fa"; o que si no montas el árbol o el belén siempre se preocupe alguien de tu círculo mas cercano y te pregunte: "¿estás bien? ¿te pasa algo?"
Recuerdo que cuando era pequeño con la navidad solo podían competir las vacaciones de verano. Siempre las esperaba con la misma ilusión cada una por sus cosas, eso si en navidad venían santa y los reyes cargadiiitos de regalos y en verano solamente, y con un poco de suerte, algún souvenir de esos parientes que ese año tenían la suerte de ir de viaje. Si a eso le sumamos el circo y las estrenas...no había color.
Con el tiempo, no se en que momento (mentira cochina, pero eso es para otro post), esa ilusión desapareció y no precisamente cuando supe quienes eran los responsables de mis regalos. Y una vez perdida la ilusión infantil la verdad es que la navidad para mí se resumieron en: cuatro días de fiesta mal contados si no te toca trabajar en festivo, comer como si se acabase el mundo para luego pasar todo el invierno a régimen, gastar lo que no está escrito cuando todo está más caro y todas esas cosas tan bonitas que nos pasan a final de año. Te vas acostumbrando hasta que un día te das cuenta que son como algo que no va contigo, a mi personalmente ha habido años que he tenido verdaderas ganas de que pasasen lo antes posible.
Hasta parece que a la gente le moleste que hagas vida normal. Pero claro cuando el pasado 22 de junio en casa dejamos de hacer vida normal todo eso cambió y esta navidad, de algún modo, ha vuelto esa ilusión. Si, este año me he dado cuenta que los niños son la excusa perfecta que dan sentido a la fiestas navideñas.
Así que aunque sigo pensando que la navidad sigue siendo un invento diabólico creado básicamente para sacar los sentimientos mas hipócritas del los seres humanos y alimentar nuestros instintos mas consumistas, espero que os sintáis todo lo felices que podáis.
Podéis hacerlo por el pobrecito bebé que tuvo que pasar aquella noche helado de frío en un pesebre oliendo a cuadra, irritándose la cara cada vez que San José le daba un besito con esa barbaza que debe rascar más que el lomo del burro y por si fuera poco despertándose cada vez que todos los pesados que tenían ganas de conocerlo les daba por aparecer por el pesebre sin avisar y encima cantando villancicos con la zambomba que son todo lo contrario a una na-na. En fin que la verdad es que el muchacho se lo merece todo con la noche que tuvo que pasar.
Y si no, simplemente sentíos bien pensando en que para Sara y para mí (con Zoe incluida) es la primera navidad en familia de verdad.
Felices fiestas y feliz año revisad todo lo que no os ha gustado de este año que ya termina y cargaos de buenos propósitos para el año que comienza, pero pensad que ser felices será vuestro mejor regalo.

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